Un gato puede convertirse en el recuerdo más inesperado de un museo. Entre cuadros, esculturas y edificios monumentales, una historia felina acerca ese mundo a quienes quizás nunca se detuvieron a mirar una colección. En el Hermitage de San Petersburgo, esa conexión tiene una celebración propia y una programación que va mucho más allá de una foto simpática.
El Día del Gato del Hermitage volvió a celebrarse el 30 y el 31 de mayo de 2026, según el comunicado publicado por el museo el 1 de junio. Fue su edición número 26. Mirarla ahora permite entender cómo una tradición ligada a los gatos del lugar termina reuniendo dibujo, imaginación y distintas formas de representar a nuestros compañeros de cuatro patas. Las actividades y exposiciones que contamos aquí corresponden a aquellas fechas; no son una convocatoria abierta para octubre.

Un palacio que también tiene una historia gatuna
La imagen que acompaña este artículo muestra el Palacio de Invierno, uno de los edificios del Hermitage. Es una fotografía de Vitaly Bystrov publicada en dominio público. Sirve para ubicar el escenario de la celebración; no muestra a los gatos ni documenta el encuentro de 2026. Esa diferencia ayuda a leer con cuidado tanto las imágenes como los relatos que circulan sobre ellos.
En Solo Gatos ya contamos la historia de los gatos del museo del Hermitage. Aquella entrada, publicada en 2021, se concentraba en su pasado y en retratos felinos. Esta vez el punto de partida es otro: las actividades que el propio museo documentó en 2026 y el lugar que les dio dentro de su programación cultural.
El comunicado de junio señala que durante esos dos días se abrió la casa de los gatos para que el público pudiera conocerlos. También describe talleres, juegos y una celebración en el patio del Palacio de Invierno. Lo interesante es que los animales aparecen como un vínculo entre el edificio y las personas: un motivo sencillo para participar, hacer preguntas y descubrir otra cara del museo.
Cuando los gatos viajan en los dibujos
La exposición del concurso internacional llevó por tema el viaje del gato del Hermitage. Su ficha oficial registra más de 4.000 trabajos enviados por participantes desde los cinco años y una selección de 23 dibujos finalistas. La diversidad de procedencias incluyó países de Europa y Asia, además de Estados Unidos. La muestra se presentó en la Galería Jordana del Palacio de Invierno, del 30 de mayo al 14 de junio de 2026.
El recorrido imaginado por los participantes no se limitaba a un solo lugar. La descripción del museo menciona gatos que navegan por el Neva, pasean por San Petersburgo, visitan Egipto o contemplan paisajes desde un tren. También aparecen escenas dentro del propio Hermitage. Son viajes dibujados: no hay que confundir esas aventuras con desplazamientos reales de los animales.
Ahí está buena parte del encanto de la propuesta. Un michi reconocible puede servir como personaje para inventar un recorrido, unir lugares lejanos o mirar de nuevo un espacio cotidiano. El dibujo no necesita reproducir una fotografía para contar algo. Puede plantear una pregunta, exagerar una situación o mostrar cómo imagina el mundo quien lo hace. En este caso, el gato funciona como compañero de esa exploración.
Más de dos mil años de miradas felinas
Otra exposición de aquellas fechas propuso un viaje en el tiempo. La ficha del Hermitage reunió tres obras que permiten comparar materiales y épocas: una cabeza de gato de bronce del antiguo Egipto, una escultura china de un gato sentado realizada en cristal de roca y una obra gráfica de un artista surcoreano contemporáneo. La muestra ocupó la sala 131 del Nuevo Hermitage y terminó el 14 de junio de 2026.
La pieza egipcia fue fechada entre los siglos VII y VI antes de nuestra era. El museo explica que estas cabezas huecas probablemente se colocaban sobre momias de gatos. La palabra probablemente importa: señala una interpretación sobre su uso, y conviene conservarla al contar la historia. La escultura china pertenece al período de la dinastía Qing, mientras que la obra coreana, titulada en español El guardián de la cultura, ofrece un punto de llegada contemporáneo.
Compararlas invita a mirar algo más que la silueta del animal. Podemos preguntarnos qué hace el material con la luz, qué postura se eligió o qué efecto produce un rostro aislado frente a un cuerpo completo. No son respuestas universales sobre todos los gatos de una época. Son tres objetos concretos que permiten observar maneras diferentes de darles una presencia duradera en el arte.
Una tradición que cambia de edición
El programa de 2024, documentado por el Club de Amigos del Hermitage, ya combinaba concursos artísticos, talleres y visitas al hogar de los gatos en los sótanos. Aquel año hubo también postales que permitían escuchar un saludo felino mediante un código QR. Ese ejemplo ayuda a entender que la celebración tiene continuidad, aunque sus propuestas no sean idénticas todos los años.
Por eso no conviene trasladar sin más una cifra, una actividad o una condición de visita de una edición a otra. Un concurso puede cambiar su tema y sus participantes; una exposición temporal tiene principio y final. Contar cuándo ocurrió cada cosa conserva el interés de la historia sin convertir un anuncio antiguo en una promesa para el presente.
Los gatos del Hermitage siguen siendo una puerta de entrada a un mundo que suele parecer solemne. La celebración de 2026 muestra cómo esa cercanía puede llevar a imaginar viajes y a observar obras de distintas épocas. Podemos llegar atraídos por los michis y salir con una pregunta sobre un dibujo, un objeto o una forma de mirar. Ese pequeño desplazamiento, de la curiosidad por el animal a la curiosidad por el arte, es lo que hace memorable esta historia.



















